viernes, 25 de abril de 2008

El carnicero de Wimbledon

Espero que os riais tanto como yo. Lo que sigue es un fragmento del capítulo "Un asunto grave", referido al fútbol londinense, dentro de la colección Historias de Londres, del gran Enric González.

Foto: 1987, nace el mito. Jones en plena guerra psicológica. Gascoigne no sabía con quién se la jugaba.
...

Un caso aparte, distinto a todos, es el Wimbledon, un club inverosímil al que se quiere o se odia. Para empezar, lleva el nombre de uno de los barrios más selectos del oeste de Londres, célebre en todo el mundo por el torneo de tenis y por sus fastuosas mansiones, pero juega en un suburbio muy modesto del este. Es, además, un un club que se profesionalizó hace sólo dos décadas, que ha escalado todas las divisiones en un tiempo récord y que mima su cantera. Pero el toque especial, lo que distingue realmente al Wimbledon, es la rabia. Los dons tienen como colores el azul y el amarillo pero en cuanto tienen ocasión prefieren vestirse de negro, se llaman a sí mismo the crazy gang (la banda de locos), escuchan rap en el vestuario antes de saltar al césped, escupen sobre el campo contrario y nunca dan un balón por perdido ni una pierna por inalcanzable.

El jugador más simbólico de los dons fue Vinnie Jones, retirado hace unos años con el mayor expediente de sanciones de toda la historia del fútbol inglés. Un vídeo con sus consejos para aprender a jugar al fútbol se vendía, para que no cupieran dudas, en las estanterías de deportes violentos como el boxeo y el kárate. Ahí van algunas perlas del catecismo del padre Jones: “Cuando derribo a un rival, siempre me ofrezco a levantarlo. Le pongo las manos debajo de las axilas y le estiro con fuerza de los pelos”. “Cuando algún contrario se me acerca demasiado, le agarro por los testículos y le digo con voz suave: ¿Te importaría retirarte un poco?”. “Si leo en el diario que la mujer de un rival se ha largado con otro, se lo recuerdo oportunamente durante el partido”. Y es que, amigo hooligan, “la pasión, la insistencia y el entusiasmo deben conducirte a terrenos en los que causarás algunos problemas. Es la misma historia de siempre. ¿Querrías tener a Gary Lineker a tu lado en las trincheras o preferirías tener a Vinnie Jones? Porque al fin y al cabo, sabes que Vinnie Jones saldría de la trinchera y correría hacia el enemigo, mientras que Gary Lineker se sentaría y diría: Usted primero”.

Jones, que antes de ser futbolista trabajó de peón de albañil, se dedica ahora al cine, especializado en papeles de gángster y asesino. Tras su rostro plagado de cicatrices, prácticamente sin cejas a fuerza de golpes, se oculta, dicen, un hombre sensato y razonable."

5 comentarios:

Vicè dijo...

Calamaro, Breitner, Casale, Vinnie Jones... Menudo ritmo frenético le ha imprimido a su debut en la blogosfera!! Que dure, que dure!

Vi una peli de Jones. Sale en "Snatch, cerdos y diamantes". No lo hace mal. Además, va reeducándose. No vi en ningún momento de la peli que le estrujara los huevines a Brad Pitt.

Àgueda dijo...

es que me lo tomo con calma, lo de escribir...


poquito a poco

Neófito dijo...

Vinnie Jones fue descubierto a los futboleros de estos lares a principios de los noventa. Yo recuerdo ver el programa de El Día Después en el que lo presentaron en sociedad, cuando aquel espacio lo presentaban Nacho Lewin y Michael Robinson y tenía bastante frescura y originalidad, no como el de las últimas temporadas, repleto de subalternos, madridistas y futbolmanía.
Entre las peculiaridades de Jones ya por entonces figuraba la de haber recibido la tarjeta más rápida de los anales del fútbol inglés (en la historia de los Mundiales este registro creo que tiene grabado el nombre del valencianista Bossio).
A ver si cualquier día, siguiendo la trayectoria de Jones, vemos con Cayetana en Versión Española a Pablo Alfaro o Goyo Benito.

Nota dijo...

Gracias por la visita, Águeda. Me gusta tu filosofía.

El Cantante dijo...

Sólo me queda una duda: si le está agarrando uno o los dos, porque Gascoigne los tenía bien grandes. Lástima que lo de Valderrama se quedase en una acaricia. Jones tenía que haber cogido a los de la Quinta uno a uno.

Llego de NY, enciendo la tele, y ahí está: el alirón y los Manolos y sus felaciones en horario infantil. Dan ganas de volverse. Tragarse los resúmenes de los Yankees es duro, pero estos cerveceros vestidos de deportistas me son más simpáticos.