martes, 24 de junio de 2008

La nueva cara del PP


Decía una periodista del star system tertuliano en el Congreso del PP que la política es material líquido, y que el futuro de Rajoy va a depender de la capacidad de su nuevo equipo para llenar los telediarios los primeros meses: si hace una oposición visible y potente al Gobierno, la contestación interna se apagará definitivamente, sostuvo.

Por mi parte, del XVI Congreso popular me quedo con dos cosas. De un lado, confío en que los cuadros y la base hayan superado definitivamente el complejo del liderazgo moral de Aznar. Su discurso del sábado fue el de un impresentable enrabietado todavía por la derrota e incapaz de asumir que él y su corte de fanáticos fueron los causantes de los dos últimos fracasos populares.

La seguna reflexión es que Mariano Rajoy, prisionero durante cuatro años de un equipo impuesto por el que el que le señaló como sucesor -es el precio que hay que pagar por saltarse el trámite democrático, aunque sea interno-, ya es libre para ser Mariano Rajoy. Confié en él como político responsable y estuvo bien hasta el discurso del Parlamento en que se tumbó el plan Ibarretxe, cuando Mayor Oreja y Acebes le pedían que se tirase al monte. Luego se consagró a Federico y creyó que dejando crecer al monstruo iba a sacar 176 escaños.

Parece que ha aprendido la lección y sus primeras decisiones son absolutamente zapaterianas, movimientos efectistas de lavado de caro y guiño de seducción a la gran masa moderada e indecisa que otorga las mayorías. Dos mujeres al mando y un joven ocurrente, alejado de sotanas y aprendices de neocon, como portavoz.

Ese es nuestro chico, Esteban González Pons: un auténtico sofista cuando quiere y un malabarista del lenguaje siempre. Por aquí sus ocurrencias seducen e irritan casi partes iguales. En una época en que los grandes discursos políticos no son ni siquiera una aspiración, los previsibles roces con Pepiño Blanco auguran, al menos, grandes momentos televisivos; episodios culminantes del márketing político. Tengo mis dudas al respecto. Le va a tocar lidiar con las dos almas del partido y su trabajo puede ser un poco esquizofrénico. Tampoco se sabe cómo reaccionará la bestia mediática ante sus giros efectistas.

Rajoy ha apostado fuerte y un cambio tan radical después de ocho años necesita un gran esfuerzo didáctico. Tiene mi voto de confianza -que es el único que va a tener-: esperemos que domestique a la derechona. Este país no puede permiterse otros cuatro años así.

3 comentarios:

morena dijo...

La verdad, es que lo tiene un poco difícil, no me gustaría estar en su piel. Ojalá sea para bien, no nos viene nada mal un poco de paz.

Saludos

marpop y las marnualidades dijo...

Pues a mi me recuerda a José Luis Moreno, con 20 años menos,jajaja, va, que es un parecido razonable,jajaja.
Ya veremos qué tal el "cambio", por llamarlo de alguna manera.
Besos PoP, bona nit!

Neófito dijo...

Coincido con las pinceladas dadas por Nota en su análisis, pero especialmente en el ahínco que han de poner los populares en su vertiente mediática, lastre inevitable de la americanización espectacular de la política en el marco de esta videocracia en que vivimos. En ese sentido, en principio González Pons es un alumno aventajado capacitado sobradamente para desbancar dialécticamente a un Pepe Blanco que va muy justo a nivel de retórica y telegenia, lo suyo son las intrigas de aparato y la reiteración soporífera del mensaje partidista.
De todas maneras, la extrema confianza en sí mismo que da haber crecido políticamente en un paraíso mediático para su partido como es Valéncia y la soberbia implícita en los mensajes ofrecidos pueden amenazar a González Pons con generar a la larga rechazo, tal y como le ocurrió finalmente a Zaplana en diversos foros.